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Sin emoción… no hay aprendizaje

Las emociones pueden promover el aprendizaje, porque estimulan la actividad de la red neuronal y fortalecen las conexiones sinápticas (Rojas, 2020). Por tanto, se ha demostrado que, cuando las mismas se manejan a favor de la pedagogía, el aprendizaje se puede consolidar mejor en el cerebro.

Sin embargo, hay que aclarar que las emociones positivas, como la felicidad, están relacionadas con el aumento y mejora en el aprendizaje de consolidación. Por lo tanto, cuando el ambiente en el aula ya sea física o virtual es propicio y agradable, el cerebro emocional estará mejor estimulado por el mundo exterior. De esta manera, el conocimiento será más fácil de obtener y, con el tiempo, lo aprendido permanecerá.

Por el contrario, cuando el aprendizaje va acompañado de emociones negativas, como la ira o el miedo, el efecto es el contrario. En este caso, el proceso se retrasará y será más difícil de aprender. Revertir los sentimientos negativos en el aula es muy importante para crear un ambiente adecuado para la construcción del conocimiento. Los estudiantes aprenden más fácilmente de los profesores que construyen ambientes agradables.

Por último, es importante señalar lo que la educadora y experta en Neurociencia, Marta Romo, indica de una forma muy descriptiva: “Al cerebro le interesa lo que cambia, no lo constante” (Romo, citada por Aprendeaver, 2019, párr. 1). Como se ha acotado, el cuerpo y el cerebro comparten responsabilidad en el proceso educativo. Consecuentemente, con el fin de que exista un significado importante para el estudiante, se debe buscar una sincronía en la mediación, donde el movimiento y las actividades cognitivas dancen en una dialéctica que produzca una educación de calidad. Los estudiantes deben moverse en el aula física o virtual.


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